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Radiónica

 

 

¿ESTÁ UD. DURMIENDO CON EL ENEMIGO DE SU SALUD O EN TERRENO ENEMIGO?

Por el Ingº. GUIDO BASSLER

LAS INFLUENCIAS COSMOTELÚRICAS SOBRE LA SALUD

La ENFERMEDAD es la culminación de un proceso de DESARMONIZACIÓN del sistema bioenergético de un organismo, ya sea éste humano, animal o vegetal. Las CAUSAS de este proceso pueden ser de diversa índole. En el organismo humano los factores causantes pueden ser, tanto de carácter físico como psíquico y pueden ser de origen interno o externo del individuo.

Una de las causas puede ser el agitado ritmo de vida al que se está sometido en las grandes ciudades tan supercongestionadas, como a los múltiples problemas a los que se ve uno enfrentado a diario, ya sean de carácter económico, anímico o emotivo, o sea a lo que modernamente se entiende por "stress".

 

 

Otra causa puede ser la deficiente o incorrecta alimentación, como también la vida sedentaria, falta de movimiento y de ejercicio físico o también la deficiente respiración, así como la mala calidad del aire que se respira, falto de oxígeno, pero sí lleno de humo y gases por la cada vez más creciente contaminación ambiental.

Puede, también, deberse a vicios o excesos o a agentes externos, como ser: factores climáticos, virus, insectos, etc., etc.

Pero hay OTRO FACTOR MUY IMPORTANTE y   lamentablemente todavía muy poco conocido y no tomado en cuenta por la ciencia médica oficial que, sin embargo, es causante de gran parte de las dolencias en los seres humanos. Este factor son las radiaciones cosmotelúricas nocivas para nuestra salud.

 

Hay innumerable cantidad de personas que están sufriendo las consecuencias nefastas de esas radiaciones, sin que se den cuenta de las reales causas de sus problemas.

 

Estas radiaciones patógenas, generalmente llamadas "radiaciones terrestres" son originadas, principalmente, por las vetas de agua subterráneas y fallas geológicas así como también, muy especialmente, por un sistema de franjas de radiación, consideradas como líneas de fuerza del campo magnético terrestre.

 

Estas franjas, de aproximadamente 23 cms. de ancho, cubren toda la superficie del globo terrestre en forma de un reticulado, a distancias aproximadas de 2,00 mts. a 2,50 mts., con orientación Norte-Sud y Este-Oeste y que son como paredes invisibles desde la tierra hasta la ionósfera. De estas franjas de radiación hay desgraciadamente muchísimas más de lo que la gente supone, pues están presentes en todas partes. Su penetración es tan fuerte que atraviesan gruesas losas de hormigón como si no existieran y su efecto se hace sentir lo mismo fuera como dentro de un edificio, igualmente a flor de tierra como en el piso más alto de un moderno rascacielos.

 

En estas franjas de radiación de la red global, también denominada red H o red de Hartmann, en reconocimiento a su descubridor, el médico investigador alemán Dr. Ernesto Hartmann, convergen toda una serie de factores distorsionantes, como ser, una mayor ionización, mayor incidencia de radiación cósmica, mayor presencia de radiaciones gamma, mayor afluencia de neutrones desde el interior de la tierra, mayor presencia microondas, etc.

Existe, además, otra red de radiación diagonal, también llamada red de Curry, según su descubridor, el Dr. M. Curry. La misma está de alguna manera relacionada con la red global, pero es más espaciada y de diferente característica.

La ciencia oficial no le ha dado, hasta ahora, importancia a estos factores, por no disponerse todavía de instrumentos simples adecuados para la fácil localización de estas franjas de radiación.

 

Si bien se ha efectuado enorme cantidad de mediciones con aparatos científicos, midiendo el campo magnético, la radiación infrarroja y la conductividad eléctrica del suelo, la resistencia eléctrica de la piel, así como la velocidad de la sedimentación de la sangre sobre tales lugares, esas mediciones son muy engorrosas y complejas y coinciden exactamente con lo que en una forma muy simple y sencilla constatan determinadas personas especialmente sensibles o debidamente entrenadas por medio de la técnica de la RADIESTESIA con ayuda de instrumentos muy sencillos.

Estos son el péndulo y la vara u horqueta radiestésica, como los de los antiguos rabdomantes, que con ellos localizaban las corrientes de agua subterránea.

 

El desarrollo de las células vivientes es dependiente de procesos bioeléctricos. Necesitamos de la energía telúrica y cósmica existente en la atmósfera terrestre para el normal funcionamiento de nuestro organismo, pero las distorsiones del campo magnético natural de la tierra interfieren dramáticamente en el normal funcionamiento de las células.

Al igual que la tierra, cada cuerpo y cada objeto, cada célula, molécula, átomo y cada partícula subatómica, tiene su propio campo magnético y su alineación magnética, con su "spin" o momento de giro específico. La moderna tecnología de la tomografía computada está basada en este principio, al registrar la variación circunstancial del torque del eje magnético de los núcleos atómicos de las células al someter un cuerpo a la influencia de un fuerte campo magnético externo.

 

Es fundamental para un organismo una correcta y adecuada polarización o alineación magnética de sus partes componentes, para que pueda vibrar a un ritmo de frecuencias armónicas. El organismo tiene la suficiente capacidad descompensar las perturbaciones pasajeras que puedan causar un campo magnético externo desarmónico, pero si queda expuesto un tiempo muy prologado a las influencias distorsionantes de un campo más fuerte, entonces las células se despolarizan y ya no trabajan en relación armónica, degradándose entonces el organismo con los consiguientes problemas de enfermedad.

 

Una correcta polarización significa vida, vitalidad, energía, mientras que la despolarización trae pérdida de energía y de vitalidad, enfermedad y muerte.

Cuando una persona tiene la cabecera de su cama sobre una de estas franjas de radiación, sufrirá indefectiblemente de insomnio, pues las delicadas células de su cerebro no pueden tranquilizarse e impedirán conciliar el sueño. Con sólo desplazar la cama un poco fuera de ese lugar afectado, la persona podrá gozar ahora de un sueño tranquilo y reparador.

 

Esas radiaciones no sólo afectan a las células del cerebro, sino todas las células de nuestro cuerpo, especialmente allí donde se forma el cruce de esas franjas, en ese punto la radiación es el doble de intensa e interfiere el normal funcionamiento de las células del órgano o parte del cuerpo afectado despolarizándolas y provocando con el tiempo las enfermedades más diversas.

 

De la mayor o menor intensidad de estas radiaciones y desde luego también de la vitalidad y predisposición de la respectiva persona, depende el tipo o clase de enfermedad, así como la gravedad de la misma. Puede tratarse de reumatismo, artrosis, esclerosis múltiple, jaquecas, asma, enfermedades virósicas, problemas circulatorios, afecciones cardíacas, úlceras, tumores, etc., etc.

 

No necesariamente tiene que producir cáncer, pero en todos los casos de cáncer es éste infaliblemente uno de los factores decisivos.

Actualmente, la nueva ciencia de la GEOBIOLOGÍA se ocupa intensamente de este tema, llevando a cabo intensas investigaciones y se preocupa de difundir estos conocimientos.

 

En realidad, todo esto no es nada nuevo, pues ya en la antigua China, hace más de 4000 años atrás, se conocían las consecuencias nefastas de estas radiaciones y allí cuando una persona quería construir una casa tenía que consultar previamente al chaman, o sea al brujo o sacerdote de aquel tiempo, el cual preguntaba entonces a los espíritus de la tierra si éstos no se ofendían si se hacía la edificación en ese lugar o si había que hacerla más bien en otra parte para no enfurecer al dragón de la tierra. En otras palabras, ya se practicaba allí la RADIESTESIA. 

 

Si bien estos puntos de fuerte radiación son a la larga muy perjudiciales para nuestra salud, determinados puntos especiales de cruce de líneas de fuerza principales, en combinación con vetas y vertientes de aguas subterráneas, donde se forman unos vórtices energéticos muy especiales, pueden tener también efectos muy especiales sobre nuestro sistema psíquico, como ocurre en muchos santuarios y lugares de peregrinación. 

 

Los pueblos antiguos que vivían todavía más en contacto con la naturaleza, tenían mayor sensibilidad hacia los fenómenos que nosotros hoy en día y percibían, probablemente en forma muy natural, la diferencia de radiación energética de esos lugares muy especiales de cruces o de superposición de campos, donde hay una fuerte emanación energética, y veneraban estos puntos como lugares sagrados, construyendo allí sus altares, así como también sus menhires, sus dólmenes, etc. 

 

Los celtas, especialmente, respetaban mucho esos lugares energéticos y tenemos en Europa todavía infinidad de testimonios líticos. También los etruscos y después los romanos veneraban estos lugares e inclusive construían sus ciudades en base a esas líneas geománticas, y  sus templos siempre estaban ubicados sobre puntos de fuerte emanación energética.

Igualmente los antiguos sacerdotes polinesios, los "kahunas", también percibían esos lugares de mucha radiación energética y sus lugares sagrados y sus altares los ubicaron sobre tales puntos.

 

Así también, los jesuitas conocían muy bien estos efectos y podemos constatar al investigar las ruinas de las iglesias de las antiguas reducciones jesuíticas guaraníes, en el N.O. argentino y el Paraguay, así como las iglesias jesuíticas existentes todavía en la Argentina, que las mismas fueron construidas totalmente en base a las líneas geománticas. El altar siempre estaba ubicado sobre un punto muy especial, de fuertísima radiación, que le daba al sacerdote allí oficiante una enorme exaltación y absoluto dominio sobre los feligreses allí reunidos.

 

Además, los sacerdotes jesuitas seguramente sabían canalizar muy bien estas energías y transmitirlas a sus feligreses en forma de una real bendición.

 

También la mayoría de las grandes catedrales góticas medievales en Europa, están ubicadas sobre tales lugares muy especiales, lo cual confirió a su interior un clima muy particular y un determinado efecto sobre la parte psíquica de los individuos. Los constructores de estas catedrales no solo eran formidables arquitectos, sino también expertos radiestesistas, que sabían incorporar determinados efectos de estas radiaciones en sus grandiosas obras, que todavía admiramos hoy.

 

Ingº. GUIDO S. BASSLER
Vice Presidente de la Asociación Argentina de Radiestesia



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