Los primeros navegantes que llegaban desde Europa, y desembarcaron en la isla De Pascua, al principio de l siglo XVIII, no podían creer lo que sus ojos veían.
En ese islote a 3600 kilómetros de la cosa de Chile, vieron estatuas descomunales diseminadas por su pequeña superficie.
Alguien, había modelado allí, verdaderas masas montañosas, piedras volcánicas, doras como el acero, que aparecían talladas como si fueran de mantequilla. Toscas enormes de d 10.000 toneladas mantenían un precario rquilibrio en lugares a donde naie habría osao acercarse para labrarlas.
Centenares de figuars gigantescas cuya altura está entre los 10 y 20 metros, con peso máximo de 50 toneladas, contemplan como desgiando. Parecen autómatas esperando una orden para ponerse en movimiento.
Antiguamente, los colosos, llevaban todavía sombreros, pero extas prendas no contribuyen, tampocoa a poder esclerecer, su engmático origen. Al contrario, esas enormes piedras de 10 toneladas, reoresentando sombreros, fueron hallados a mucha distancia de los cuerpos a los que pertenecían. Como si se hubieran tranportado por el aire.
Además junto a esas estatuas, se encontraron, tablillas de madera, escritas con jeroglíficos. Pero hay apenas quedan unas 10 repartidas en diferentes museos el mundo.
Nadie ha sabido descifrar esas inscripciones.
Las investigaciones emprendidas por Thor Heyerdahl, sobre esos gigantes enigmaticos, definieron tres periodos culturales determinados, perfectamente. El mas antugo, parece haber sido además el mas perfecto.
Según la investigación de Heyerdahl, que encontró restos de carbón vegetal, según lo que calculó, databan de 400 años antes de Cristo.
No se pudo comprobar que exista conexion, entre los despojos oseos hallados junto a antiguos hogares, y los colosos de piedra.
En los acantilados y crateres, este investigador, descubrió centenares de estatuas sin terminar, desparramadas a su alrededor.
Había herramientas de pidra a illares, hachas de manos, y todo parecia que se hubiera interrumpido en forma repentina.